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No importa cuánto entrenes, si no cuánto asimiles

La creencia errónea de que cuánto más entreno, más voy a rendir, es algo extremadamente común en la mayoría
de los deportistas aficionados. La idea  que se forjan del deportista profesional que goza de todo el tiempo del mundo para entrenar y por eso puede mejorar tanto, lleva a muchos deportistas a tratar de sacar tiempo de donde no lo tienen con el deseo de entrenar más para rendir mejor.

Lamentablemente este hecho no es así en la mayoría de los casos y más bien tenemos que ser conscientes de que lo realmente importante es cuánto entreno del que estamos realizando está siendo totalmente asimilado. Es decir, si hemos dejado el tiempo de recuperación óptimo para provocar la debida supercompensación positiva después de un entrenamiento (o varios), que provoque en mi cuerpo un nuevo estado de forma, superior al que tenía antes de realizar dichos entrenamientos.

Entrenar más conlleva un mayor gasto para el cuerpo tanto a nivel orgánico (descenso de los niveles en la serie roja, defensas…) como muscular. Por tanto, hemos de buscar un equilibrio que nos permita entrenar-descansar-asimilar y que esos valores no se vean alterados, pues de este modo disminuirá igualmente el rendimiento.

Salvo los deportistas profesionales, el resto de personas que practicamos deporte tenemos muchas obligaciones (laborales, familiares, de estudio, imprevistos…), que hacen que el entrenamiento y la recuperación se vean constantemente afectados. Por tanto, en primer lugar debemos de aceptar estas obligaciones como prioritarias y ser conscientes de los imprevistos que surgirán (enfermedades, viajes inesperados, compromisos familiares, posibles lesiones…).

De la forma más inteligente posible, debemos conciliar el deporte con el resto de aspectos que conforman nuestro día a día, intentando no descuidar ninguno. Y siendo conscientes que el entrenamiento va a verse influenciado por todo lo demás que hagamos en nuestra vida diaria y que le afectará tanto para la correcta asimilación y mejora como para llevarnos a la fatiga y al sobreentrenamiento si no estamos dando el descanso necesario que se merece.

En la capacidad de recuperación influyen muchos factores, uno de ellos la genética que no podemos obviar, pero también muchos otros como nuestro estilo de vida, hábitos, alimentación, calidad de sueño…todo un cúmulo de circunstancias que cada cual debe lidiar de la mejor forma posible en su propio beneficio.

Hay que tener presente que las mejoras no se producen cuando estamos entrenando, sino cuando estamos descansando.

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