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Gracias al deporte

Porque hacer deporte es una bendición que nos ayuda en cada paso, nos enseña y nos guía en la vida aportándonos vivencias de incalculable valor.

Porque nos enseña que el éxito es sorprendentemente democrático y que no consigue más quien más suerte tiene, sino quien más esfuerzo realiza.

Porque aunque unos tendrán más facilidad para unas cosas que otros, todos tenemos la oportunidad de decir: NO, hoy tampoco me doy por vencido. Y un objetivo sufrido tiene más valor y se disfruta mucho más.

Porque cuando sufrimos adversidades, éstas son el detonante para superarnos más y sacar lo mejor de nosotros. Porque dejamos de ver obstáculos como impedimentos y empezamos a verlos como oportunidades de crecimiento.

Porque cuando nos vemos obligados a parar, este parón no supone un retroceso, sino el más inteligente de los impulsos.

Porque los objetivos que conseguimos nos ayudan a vencer la pereza, a trabajar con más disciplina y estirar nuestras fuerzas, porque no hay un solo éxito que no parta de la acción.

Porque nos hace soñar, no ver “imposibles” donde tan solo hay “improbables”.

Porque nos hace entender que a mayor premio, mayor sacrificio.

Porque nos hace vivir experiencias únicas de las que guardaremos recuerdos mágicos.

Porque nos hace ser humildes, valorar lo que tenemos, sentirnos unos auténticos privilegiados por las oportunidades que disfrutamos, por las personas que nos acompañan, por la salud de la que gozamos y por contar con los privilegios que nuestros abuelos soñaron.

Porque el deporte no solo cambia tu cuerpo…Cambia tu mente, tu actitud y tu ánimo.

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