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El deportista y su entorno

Todos podemos observar que existen deportistas con todo tipo de personalidades. Algunos comparten el mismo deporte y sin embargo enfocan su vida de muy diferentes formas. Unos son considerados ídolos y referentes para muchos y otros generan mucha animadversión por parte del público, periodistas, compañeros o rivales.

Unos saben ganar y sobre todo saben perder. No pierden la compostura ni en los momentos más difíciles. Es por esto que nos lleva a plantearnos qué es lo que hace brotar en unos deportistas unos valores positivos y otros unos tan negativos, si ambos practican el mismo deporte. Y esto nos conduce a hablar del entorno del deportista (compañeros, familiares, entrenadores…) como medio modulador del carácter del mismo.

En todo caso, hemos de distinguir entre los deportistas más jóvenes, los deportistas aficionados y los profesionales.

Empezando por los más jóvenes, la familia juega un papel fundamental. Hay padres, que en muchos casos, consideran a sus hijos como una prolongación de ellos mismos, orientándoles hacia los que ellos les hubiera gustado ser pero no pudieron, cargándoles una responsabilidad que puede influir muy negativamente en el desarrollo del mismo. Por el contrario, los padres en estos casos deben fomentar y alentar la práctica deportiva como medio de desarrollo personal y social en un ambiente lo más distendido y divertido posible. Los entrenadores así mismo, deben ser realistas y no vender expectativas demasiado elevadas a estas edades.

En los deportistas aficionados o amateurs, la familia (pareja, hijos/as, padres…) es lo más importante. El deporte en esta edad no es más que puro ocio y recreación, que debe servir para cargar las pilas de cara al trabajo y los quehaceres del día a día. Por ello, sirve de poco descuidarlos y más bien se debe hacer partícipe a la familia en general de los gustos por un determinado deporte. Y que sean compañeros en determinadas competiciones o retos que vayan surgiendo a lo largo de la temporada.

Por último, en el deporte de élite podemos decir que el carácter y los valores vienen forjados desde abajo, gracias a la educación que tanto familia, entrenadores, educadores, compañeros, amigos…han ido proporcionando a lo largo de los años.

Por tanto, no debemos presuponer que el deportista, por el mero hecho de practicar deporte, está impregnado de los valores que se asocian a esta actividad: compañerismo, humildad, honestidad, generosidad…pues esto no siempre es así y, de esta forma, nos encontramos con deportistas que destacan más bien por su prepotencia, altanería, agresividad… y que llegan a perder la perspectiva de la realidad llegando a casos de adicciones y obsesiones con el deporte, que les hace dejar de lado muchos aspectos en su vida social y familiar.

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