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Busca tu deseo

No hay cosa más reconfortante en esta vida que hacer

lo que nos gusta y apetece. Todos tenemos muchas obligaciones que cumplir y por eso buscamos otras actividades que nos permitan recargar las pilas para poder afrontar con energía lo que no tenemos más remedio que cumplir.

Es aquí donde entran en juego nuestras aficiones, el deporte, la música, el cine, la lectura…cada persona busca un deseo, un motivo, un fin, un objetivo, un propósito, una conexión, una causa, una motivación que conecte con lo que queremos hacer. La vida de cada cual es diferente, pero todos encontramos la forma de hacerlo.

Encuentra tus pasiones y tus devociones o simplemente tus aficiones, porque te darán un punto de partida poderoso y te suministrarán energía renovable e infinita y te alegrarán la vida. Conseguir lo que nos proponemos es una fuente de placer.

Puede parecer fácil encontrar la motivación para todas aquellas cosas que nos gustan, pero está claro que no tanto para aquellas otras que nos gustan menos y tenemos que hacer por obligación. Pero aquí está el auténtico reto: dar sentido a lo que hacemos en cualquier faceta de nuestra vida.

Todos y cada uno de nosotros hemos hecho cosas a lo largo de nuestra vida que con el paso de los años no nos veríamos haciendo en la actualidad. Y justo al contrario, ahora hacemos cosas de las que hace unos años ni tan siquiera pensábamos que podríamos hacerlas. Los seres humanos vamos cambiando nuestras preferencias en el transcurso de nuestras vidas y se da el caso por ejemplo de gente que nunca había hecho deporte y que ahora se atreve con todo tipo de ellos y hasta han completado un ironman. Si se lo hubiera dicho alguien hace años, les habría contestado que si estaba loco.

Luchar porque te guste lo que haces, es un reto con premio gordo. Todo reto es estimulante mientras lo tengas en el punto de mira y la consecución de este te dará incontables horas de satisfacción.

Otra opción, sería no luchar por algo a lo que, en principio, no encontramos sentido (un determinado trabajo). Y pasar a hacer otra cosa que nos atraiga mucho más. Pero, como hemos visto antes, la vida da muchas vueltas y lo que no me gustaba hace años, ahora puede ser mi pasión. Por lo que hacer todo lo posible por encontrar un sentido a todo lo que hago quizá sea la mejor opción.

En definitiva, te guste o no lo que haces lucha por encontrarle un sentido, un propósito. Hazlo con tu mejor cara y predisposición. Tanto lo que te apasiona y te gusta hacer mucho como lo que te gusta hacer menos (porque nunca se sabe si puede acabar gustando). Luchar por encontrar en sentido te recargará de energía si te sientes vacío. Te ayudará en los momentos difíciles. ¡Dará sentido a tu vida!

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Gracias al deporte

Porque hacer deporte es una bendición que nos ayuda en cada paso, nos enseña y nos guía en la vida aportándonos vivencias de incalculable valor.

Porque nos enseña que el éxito es sorprendentemente democrático y que no consigue más quien más suerte tiene, sino quien más esfuerzo realiza.

Porque aunque unos tendrán más facilidad para unas cosas que otros, todos tenemos la oportunidad de decir: NO, hoy tampoco me doy por vencido. Y un objetivo sufrido tiene más valor y se disfruta mucho más.

Porque cuando sufrimos adversidades, éstas son el detonante para superarnos más y sacar lo mejor de nosotros. Porque dejamos de ver obstáculos como impedimentos y empezamos a verlos como oportunidades de crecimiento.

Porque cuando nos vemos obligados a parar, este parón no supone un retroceso, sino el más inteligente de los impulsos.

Porque los objetivos que conseguimos nos ayudan a vencer la pereza, a trabajar con más disciplina y estirar nuestras fuerzas, porque no hay un solo éxito que no parta de la acción.

Porque nos hace soñar, no ver “imposibles” donde tan solo hay “improbables”.

Porque nos hace entender que a mayor premio, mayor sacrificio.

Porque nos hace vivir experiencias únicas de las que guardaremos recuerdos mágicos.

Porque nos hace ser humildes, valorar lo que tenemos, sentirnos unos auténticos privilegiados por las oportunidades que disfrutamos, por las personas que nos acompañan, por la salud de la que gozamos y por contar con los privilegios que nuestros abuelos soñaron.

Porque el deporte no solo cambia tu cuerpo…Cambia tu mente, tu actitud y tu ánimo.

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Estrategia

 No hay cosa peor en esta vida que no tener una estrategia, un plan de acción que ejecutar para conseguir nuestros objetivos. Pero es peor aún seguir una estrategia equivocada que nos va a conducir a ninguna parte de donde queremos llegar.

Por desgracia, esto es muy común en el mundo del deporte (aunque cada vez menos). Ves gente que no ha corrido en su vida y que con unos meses de afición al running se plantean correr una maratón. Otros que apenas llevan unos meses con la bici, pero como se han comprado una tope de gama, ya se creen capaces de correr pruebas de la máxima exigencia.

Por supuesto, la capacidad de decidir es libre para todo el mundo, pero nos iría mucho mejor si antes de enfrascarnos en determinado objetivo, sentásemos las bases sobre lo que tenemos que hacer y fuéramos cumpliendo plazos poco a poco, pues muchas veces no vemos más allá del punto en que nos encontramos.

Hay una historia que me gusta y que relata muy bien lo que aquí trato de contaros. Dice que había un leñador muy afanoso que después de un largo y duro día de trabajo seguía con el hacha intentando cortar leña pero que apenas obtenía resultados. Un hombre que pasaba por allí y lo vio tan exhausto le dijo que parara a descansar un rato y que si afilaba el hacha seguro que podría cortar más en menos tiempo. A lo que el hombre respondió:
“Tengo mucho trabajo y no puedo perder el tiempo en afilar el hacha”.

Creo que muchas veces nos pasa como al hombre de esta historia, que estamos tan enfocados en ver las hojas que no somos capaces de ver el bosque completo. Y esto no nos lleva nada más que a incrementar la frustración.

Hay algunas cualidades, como la inteligencia, el talento…o incluso la suerte, que a mí parecer están sobrevaloradas. Sin embargo, la estrategia está infravalorada y en muchas ocasiones es mucho más valiosa.

Disponer de una buena estrategia es asegurarse de que el camino es el correcto. Podremos tener aciertos, errores…pero si tenemos un plan de acción inteligente, con tácticas planificadas, y nos mantenemos constantes, al final llegaremos a nuestro destino. Siempre van a ocurrir cosas con las que no contábamos, pero un plan nos va ayudar a reducir mucho la incertidumbre.

Por esto, debemos asegurarnos de que tenemos una buena estrategia y de que está en consonancia con nuestros intereses y valores, que la hemos elegido a conciencia, libremente y valorando todas o la mayoría de variables. Y así estaremos un poquito más cerca de conseguir los objetivos que nos hemos marcado.

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Las 1001 caras del deporte

El deporte, como la vida misma, es un libro abierto donde nunca se deja de aprender algo nuevo. Desde mi posición, como entrenador y deportista, tengo la suerte de vivir, conocer y aprender de muchos deportistas, los cuales y cada uno a su nivel, se encuentran con muchas dificultades que comparten conmigo así como también las alegrías y satisfacciones que van consiguiendo.

Cada fin de semana supone un nuevo reto para muchos, pues es donde se mide el trabajo realizado, a veces solo de esa misma semana, pero otras veces se trata de un objetivo único que ha llevado meses de preparación. Y aquí es donde puedo ver las 1000 y 1 caras del deporte.

Después de cada competición, cada deportista valora cómo le ha ido, si le fue bien, mal…si tuvo problemas físicos, mecánicos…si acertó con la táctica, si supo regularse o no, si encaró bien los días previos, si se puso demasiado nervioso en la salida…Y todo esto lo comparten con su entrenador para que le dé su punto de vista a eso que han sentido y vivido en el día de la prueba.

Y esas vivencias cada fin de semana son diferentes…Unos pocos elegidos son capaces de lograr la victoria, otros están muy contentos porque han mejorado sus marcas, se encontraron muy bien el día de la prueba, lo dieron todo y no se guardaron nada…Hay quién no terminó satisfecho porque no encontró sensaciones desde el principio, no había dormido bien la noche previa, llegó a la prueba cansado, los problemas mecánicos y/o físicos le condicionaron, la climatología no le favoreció, el terreno no se adaptaba a sus características, los calambres le jugaron una mala pasada, los rivales fueron mejores ese día…A otros les fue mucho peor porque no pudieron acabar la prueba debido a una caída, una mala digestión…Y los hay que se encuentran lesionados y que no ven la fecha en que puedan volver a ponerse un dorsal y poder competir de nuevo.

Gracias a todas estas vivencias, un servidor puede seguir compartiendo toda clase de emociones con sus deportistas, tratando de ayudar y aprendiendo de ellos. Haciéndoles ver la importancia de ver las cosas con perspectiva, de analizar cada detalle con objetividad y de mirar el futuro siempre con optimismo. Porque siempre habrá más días, más carreras, más posibilidades de dar lo mejor de sí…porque el deporte nos enseña muchas cosas que nos serán muy útiles en nuestra vida, porque la capacidad de superación siempre nos hará mejores, porque la disciplina y la constancia nunca caerán en saco roto…porque esta debe ser la única cara del deporte.

Y porque el ganador no es solo el que llega primero…Son todos los que se superan día a día y disfrutan con lo que hacen…Sólo ahí es donde está la verdadera recompensa.

No hay un final con un único objetivo sino que debemos encontrar placer en el camino que nos lleva hacia ese objetivo. Si no es así, debemos preguntarnos si nos está mereciendo la pena.

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Esto no son matemáticas…

Hoy en día, cada vez más en el deporte, nos parece tener controlados la mayoría de parámetros que pueden influir en el rendimiento de cualquier deportista. Baste decir que un deporte como el fútbol, cuyo componente técnico parece ser más determinante que el físico, haya incorporado de manera masiva el uso de unos chalecos que controlan un sinfín de datos para analizar y hacer mejorar al jugador.

Estos chalecos, llevan un gps incorporado con el que medir la distancia recorrida, intensidad, sprints realizados, aceleraciones, cambios de ritmo y dirección, impactos… llegando a avisar incluso del posible peligro de lesión de un jugador. Además, algunos modelos registran la frecuencia cardíaca con todas las posibilidades que esto puede ofrecer.

En el ciclismo, desde la aparición de los potenciómetros, junto con el uso generalizado de los medidores de frecuencia cardíaca, podemos comprobar cómo hoy en día, incluso en plena competición, algunos ciclistas no paran de mirar al reloj para buscar la respuesta que les diga si deben apretar o deben aflojar el ritmo.

No cabe la menor duda de que esto ha sido un gran avance y nos ha servido a los preparadores y entrenadores para tener muchos más datos objetivos con los que controlar y ayudar al deportista a obtener el mejor rendimiento en las fechas y objetivos que hayamos elegido. Pero si de algo podemos estar seguros, es que el componente emocional (o de sentimiento) siempre será un factor determinante en cualquier deportista.

No vale solo con ejecutar entrenamientos. La diferencia siempre la marca la actitud del deportista ante dichos entrenamientos, el compromiso que tiene. Hay que tener en cuenta que los mismos entrenamientos pueden influir de manera diferente no ya en distintas personas sino en la misma persona en distintos momentos, según sea su estado anímico y motivacional.

El gran deportista, que lleva muchos años ganando y todavía se exige un poco más, bien sabe de esto. La motivación y determinación que tiene hacia el trabajo a realizar para conseguir sus objetivos es máxima y por tanto no depende de si hace frío o calor, si sus sensaciones son mejores o peores…siempre mantendrá una actitud positiva para magnificar la capacidad de mejora gracias a los entrenamientos que haga.

Cualquiera que quiera sacar lo mejor de uno mismo, debe ser consciente de esa actitud y determinación intrínseca. Y luego, debe buscarse un buen preparador que le guíe y oriente con el entrenamiento, descanso, alimentación…y que le haga mejorar, si cabe, esa manera de enfocar la vida.

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El tiempo… Me falta tiempo.

El tiempo es el gran querer de toda persona…se piensa que a más tiempo disponible, más tiempo para poder hacer lo que queremos. Los estudiantes desearían que los días fueran más largos para poder estudiar más y que les quedara tiempo libre; los trabajadores para poder terminar todas las tareas encomendadas o propuestas y poder disfrutar de tiempo con su familia o dedicarlo a sus hobbies: y los deportistas…quisieran tener más tiempo para poder entrenar más y de este modo, piensan, rendir más.

Pero lo que está claro es que el tiempo pasa y no podemos manipularlo. El día tiene 24 horas y estoy seguro de que si los días tuvieran más horas, seguiríamos con el mismo problema…”me falta tiempo”.

Aunque los días tienen las mismas horas para todo el mundo, unos saben sacarle mucho más partido que otros. Me refiero a la gente que parece que tienen tiempo para todo y para todos. Y en el otro lado están aquellos que siempre se quejan de que no tienen tiempo para nada. En el fondo de todo esto hay varios puntos que diferencian a unos y otros.

Al primer grupo pertenecen aquellos que practican eso del “mindfulness” o atención plena en cada cosa que hacen. Es decir, toman conciencia plena de lo que están haciendo en cada momento y no dejan que su cerebro caiga en divagaciones de ningún tipo, pensamientos pasados o futuros que los desvíen de su propósito en ese momento. Tan sólo tienen deseos para la tarea que los ocupa.

En el segundo grupo están aquellos que creen tener tantas cosas que hacer, que mientras están haciendo una tarea, no pueden dejar de pensar en otras tareas que tienen pendientes, con lo que dilatan lo que tienen entre manos mucho más tiempo del que sería necesario si nada les desviara la atención de su propósito. Viven en una constante interrupción mental y el tiempo no les cunde nada.

Aparte de esos dos grupos de personas, el quid de la cuestión en relación al tiempo está en lo siguiente: saber diferenciar lo realmente importante de lo que no lo es tanto. Como deportistas, creemos que lo más importante es hacer series, volúmenes altos, ritmos intensos…pero también es importante descansar, hacer estiramientos, ejercicios compensatorios, ejercicios de relajación, mejorar la técnica, la táctica, el equipamiento… y podríamos seguir más y más. Entonces…¿Qué hago si mi tiempo es limitado…? El buen juicio es la mejor opción y un entrenador te guiará en saber lo que más te conviene hacer en cada momento. Te ayudará a no menospreciar las consecuencias de las “cosas pequeñas”.

Termino con un ejemplo que me parece genial para ilustrar el tiempo:

Suponga que se encuentra con alguien que trabaja esforzadamente en el bosque, cortando un árbol con una sierra.

  • ¿Qué está haciendo?- le pregunta.
  • ¿No lo ve? – responde él con impaciencia-. Estoy cortando un árbol.
  • ¡Se le ve exhausto! –exclama usted-. ¿Cuánto tiempo hace que trabaja?
  • Más de cinco horas. Y estoy molido. Esto no es sencillo.
  • ¿Por qué no hace una pausa durante unos minutos y afila la sierra? – le pregunta-. Estoy seguro de que cortaría mucho más rápido.
  • No tengo tiempo para afilar la sierra –dice el hombre enfáticamente-. Estoy demasiado ocupado serrando.
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Quiero ser mejor…

Esta es la máxima de todo buen deportista ante una nueva temporada. Quiere ser mejor, más fuerte, más rápido, más hábil…que la pasada campaña. Sin esta premisa sería imposible avanzar. Todos buscan introducir pequeños cambios, formas diferentes de hacer las cosas para permitir una mejora competitiva.

Necesitamos un futuro que nos entusiasme, que nos estimule y nos pida lo mejor de nosotros mismos. En el deporte no vale eso de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Lo mejor está por llegar…siempre. Y realmente debe ser así. Si no luchamos por ser mejores ¿qué sentido tiene el futuro que nos espera? Si no esperamos algo gratificante, algo bello, algo retador, ¿de dónde vamos a sacar las energías para seguir adelante?

El futuro, en gran medida, depende de nosotros mismos. Tenemos más capacidad de influencia en el futuro que nuestras circunstancias, nuestro punto de partida y nuestros recursos. Así que exprime al máximo tu capacidad de acción y decisión, acompáñalo con ilusión y trabajo y podrás disfrutar de una merecida recompensa.

No vale con solo querer. Hay que pasar a la acción. Debes ponerte manos a la obra para crear tus propias oportunidades. Querer y hacer han de ir de la mano. Hay que dar el primer paso, y luego el segundo y así sucesivamente, orientando tus acciones hacia la consecución de objetivos.

Estos objetivos han de ser fijados de forma realista, deben ser concretos y medibles en el tiempo. De igual modo, tenemos que ser conscientes del impacto y el precio que debemos pagar (nosotros y los que nos rodean) por luchar por ese propósito. A veces valorando si merece la pena o recalculando hacia otras metas más factibles de conseguir.

Un buen objetivo es desarrollable a plazos, debe permitirte crear escalones intermedios que faciliten su seguimiento y consecución. De este modo mantendrás tu voluntad, motivación y determinación, alimentando tu confianza hacia la consecución de los objetivos más ambiciosos.

Por último, adecua tus objetivos a la realidad. Celebra que tus deseos y sueños pueden cumplirse si los transformas en objetivos, si operativizas un plan de acción y si perseveras inteligentemente a pesar de la adversidad. No obstante recuerda que no todos los objetivos se pueden cumplir sin algunas condiciones. Quizás alguno no sea viable en la forma o el tiempo en el que esperas que ocurra. Pero no por ello cejes en tu empeño.

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Sobre amor, ilusiones y sueños

El mundo se mueve por amor, ilusiones y sueños…o al menos eso pienso yo. Nos movemos por amor a nuestra pareja, a nuestros hijos, padres, hermanos…Y por ellos hacemos lo que sea, nos mueve una motivación máxima. Nos movemos por ilusiones, a veces constantes y a veces renovadas que nos llevan a perseguir uno u otro objetivo. Y nos movemos por sueños que nos planteamos conseguir y vamos dando pasos hacia ellos.

Ese amor, ilusiones y sueños nos van dando motivación para hacer una y otra cosa. En los deportistas, existe un momento álgido y mágico donde estos tres conceptos alcanzan su máximo esplendor. Y este momento suele coincidir con la pretemporada, cuando se encuentra alejado de las competiciones y puede recapacitar y plantearse lo que quiere hacer y hacia dónde quiere enfocar sus esfuerzos. Es aquí donde se carga de moral para afrontar los nuevos y más exigentes retos que se plantea para el futuro.

Indudablemente, de nada vale al deportista tener muy buenas intenciones si no las lleva a la práctica, si no realiza las acciones necesarias que le hagan ser mejor. Y para esto debe estar comprometido con lo que hace, dividir sus objetivos en pequeñas acciones que pueda ir cumpliendo con el fin de siempre progresar…Pero sin olvidarse del descanso…tras el cual volverá una y otra vez con más energía y creatividad.

Ha de ser consciente de las dificultades que encontrará en el camino. No debe buscar la perfección porque sería algo imposible y que le llevaría a la frustración sino que debe ser consciente del punto en que se encuentra para no intentar hacer más de lo que puede.

Y, al mismo tiempo, necesita visualizar su futuro desde un nivel superior, fruto del trabajo constante que está comprometido en realizar. Necesita superarse y eso es lo que le mueve a actuar de forma consciente y constante, realizando incluso acciones que antes no era capaz y le ayudarán a conseguir una mayor capacidad y potencialidad que le harán sentir mucho más realizado.

Todo esto, deberá hacerlo sin perder el prisma de la recompensa por la que lucha (sea en forma de competición, reto, estado de forma…) de tal forma que no pierda la perspectiva del final hacia el que quiere llegar, y de modo que le mantenga firmemente motivado hacia el objetivo.

Por último, no debe tomar nada demasiado en serio, sino que deberá divertirse, acción sin la cual no será posible recorrer el camino. Lo más importante será su bienestar, que le llevará a rendir más y sentirse mejor.

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Serendípias… en el deporte

Se conoce como serendípia al descubrimiento o hallazgo realizado por accidente, casualidad, inesperado y afortunado de cosas que no se están buscando ni investigando, pero que son la solución para otro problema que se tenía. Como tal, la serendipia puede ser vista como la habilidad que posee un individuo de encontrar cosas por azar aunque no tenga relación en lo que se busca, pero que es productivo para la solución de otros problemas.

En la historia de la ciencia son frecuentes las serendipias. Por ejemplo, Albert Einstein reconoce esta cualidad en algunos de sus hallazgos, así como Alexandre Fleming en un episodio que dio inicio al descubrimiento de la penicilina o el mismo Principio de Arquímedes surgió por este hecho. Pero no solo en la ciencia existen las serendipias, también se dan en otras ramas como la literatura…y por supuesto en el deporte.

Como entrenador, que hablo a diario con muchos deportistas y escucho, siento y vivo sus inquietudes, puedo reconocer este hecho o habilidad en algunos deportistas, que sin estar buscando una determinada marca, registro, objetivo…con su esfuerzo diario y desinteresado se encuentran ante la tesitura de que consiguen unas metas que hace un tiempo ni siquiera se les pasaban por la cabeza y habían planteado que podrían ocurrir. En términos generales se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente. Pero nada más lejos de la realidad…

Si por algo se caracterizan las serendipias es porque todas las personas que la protagonizan tienen varias características comunes, siendo la principal de ellas la constancia, esfuerzo, dedicación…a la labor que realizan. Estas personas quieren saber más y quieren mejorar…en el ámbito que sea. Y eso es precisamente lo que les lleva a encontrarse con un “regalo” que no estaban buscando. Como decía Louis Pasteur, “el azar no favorece más que a los espíritus preparados”

Todos los genios de la ciencia que gracias a una casualidad descubrieron algo que no estaban buscando específicamente, dedicaron horas, horas y más horas a prepararse para ello y por ello estuvieron en el lugar preciso y en el momento oportuno y además supieron ver aquello que no estaban buscando.

No es una palabra muy utilizada en español pero algunos de los sinónimos de serendipia son chiripa, carambola, suerte, coincidencia, casualidad, accidente…pero mejor quedarnos con el trasfondo que tienen en común todas las personas que tienen la “suerte” de tener una serendipia en sus vidas.

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El deportista y su entorno

Todos podemos observar que existen deportistas con todo tipo de personalidades. Algunos comparten el mismo deporte y sin embargo enfocan su vida de muy diferentes formas. Unos son considerados ídolos y referentes para muchos y otros generan mucha animadversión por parte del público, periodistas, compañeros o rivales.

Unos saben ganar y sobre todo saben perder. No pierden la compostura ni en los momentos más difíciles. Es por esto que nos lleva a plantearnos qué es lo que hace brotar en unos deportistas unos valores positivos y otros unos tan negativos, si ambos practican el mismo deporte. Y esto nos conduce a hablar del entorno del deportista (compañeros, familiares, entrenadores…) como medio modulador del carácter del mismo.

En todo caso, hemos de distinguir entre los deportistas más jóvenes, los deportistas aficionados y los profesionales.

Empezando por los más jóvenes, la familia juega un papel fundamental. Hay padres, que en muchos casos, consideran a sus hijos como una prolongación de ellos mismos, orientándoles hacia los que ellos les hubiera gustado ser pero no pudieron, cargándoles una responsabilidad que puede influir muy negativamente en el desarrollo del mismo. Por el contrario, los padres en estos casos deben fomentar y alentar la práctica deportiva como medio de desarrollo personal y social en un ambiente lo más distendido y divertido posible. Los entrenadores así mismo, deben ser realistas y no vender expectativas demasiado elevadas a estas edades.

En los deportistas aficionados o amateurs, la familia (pareja, hijos/as, padres…) es lo más importante. El deporte en esta edad no es más que puro ocio y recreación, que debe servir para cargar las pilas de cara al trabajo y los quehaceres del día a día. Por ello, sirve de poco descuidarlos y más bien se debe hacer partícipe a la familia en general de los gustos por un determinado deporte. Y que sean compañeros en determinadas competiciones o retos que vayan surgiendo a lo largo de la temporada.

Por último, en el deporte de élite podemos decir que el carácter y los valores vienen forjados desde abajo, gracias a la educación que tanto familia, entrenadores, educadores, compañeros, amigos…han ido proporcionando a lo largo de los años.

Por tanto, no debemos presuponer que el deportista, por el mero hecho de practicar deporte, está impregnado de los valores que se asocian a esta actividad: compañerismo, humildad, honestidad, generosidad…pues esto no siempre es así y, de esta forma, nos encontramos con deportistas que destacan más bien por su prepotencia, altanería, agresividad… y que llegan a perder la perspectiva de la realidad llegando a casos de adicciones y obsesiones con el deporte, que les hace dejar de lado muchos aspectos en su vida social y familiar.